“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al Derecho ajeno es la paz”, pensamiento del gran estadista y ex Presidente de México de origen zapoteca el gran Benito Juarez Garcia, pensamiento político que en los últimos años funcionarios públicos no has sabido entender, ni mucho menos aplicar correctamente; tanto que, respetamos y nos solidarizamos con Venezuela por los agravios de Estados Unidos para su soberanía, y de igual manera, nos solidarizamos con todos los agraviados por la violencia en nuestro Estado de Morelos. Y por lo anterior, de manera respetuosa y con la mayor sensibilidad a las circunstancia que vivimos en nuestra entidad ponemos a consideración la siguiente reflexion:
En el conocido auditorio que pertenece al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) el pasado sábado 31 de enero se dieron cita los principales trabajadores del Gobierno del Estado de Morelos (burocracia) para formar el Frente Antimperialista Mexicano por Venezuela. El evento, impulsado por representantes de la embajada venezolana en México, que culminó con llamados a movilizaciones nacionales para exigir la liberación de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, capturados en una controvertida intervención estadounidense.
Entre los oradores destacados estuvo Carmelo Enríquez, esposo de la gobernadora Margarita González Saravia y Titular del Instituto de Investigaciones Legislativas del Congreso del Estado, la participación del Edgar Maldonado, Secretario de Gobierno del Estado, Diputados Federales y Locales, distintos funcionarios de la secretarias de seguridad pública estatal, quienesmotivaron la votación para aprobar este comité estatal. Es un gesto loable de solidaridad internacional, pero surge una pregunta inevitable: ¿dónde está la prioridad por Morelos?
Mientras que funcionarios públicos se involucra en causas globales –respaldando la postura de no intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum y condenando la acción de Estados Unidos en Venezuela–, las calles de nuestro estado claman por atención urgente.
Los números no mienten, la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, al cierre de 2025, precisa que el 63.8% de la población urbana nacional consideró inseguro vivir en su ciudad. Pero en el Área Metropolitana de Cuernavaca, esta percepción alcanzó el 80.2% en el último trimestre del año, una mejora marginal del 84.2% registrado en septiembre, pero aún por encima de la media nacional y entre las más altas del país.
Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) pintan un panorama preocupante. Es cierto que los homicidios dolosos bajaron un 26% en promedio diario durante 2025 comparado con 2024, ubicando a Morelos entre los estados con mayores reducciones. También se registraron caídas en feminicidios (-28.6%), robos a transportistas (-70%) y otros delitos violentos. Sin embargo, la extorsión creció un 27%, posicionando a Morelos como uno de los estados con las tasas más altas a nivel nacional, junto con incrementos en robos a casa habitación con violencia. En 2025, el estado acumuló miles de víctimas de estos delitos, y la “cifra negra” – esos delitos no son denunciados por desconfianza del ciudadano con las autoridades – agrava nuestra realidad.
Los funcionarios públicos del gobierno estatal(burocracia), desde la gobernadora Margarita González Saravia Calderon, hasta sus colaboradores más cercanos, deberían redirigir su energía y prioridades. En lugar de invertir tiempo y recursos en frentes antiimperialistas por situaciones en otros países – por nobles que sea–, seria infinitamente mejor que concentren su atención en Morelos. Fortalezcan las estrategias locales de seguridad, inviertan en prevención del delito y combatan de raíz problemas como la extorsión que aterroriza a emprendedores y familias cotidianas. La solidaridad internacional es valiosa, pero no a costa de ignorar el clamor local por paz en nuestras propias comunidades.
Y a la ciudadanía morelense, no perdamos de vista estos antecedentes. Las elecciones de 2027 – para ayuntamientos, diputaciones locales y posiblemente más – serán un momento clave para reflexionar sobre nuestras prioridades. ¿Queremos un gobierno enfocado en resolver la inseguridad que nos afecta directamente, o uno distraído por agendas globales? Los datos numéricos del INEGI y SESNSP no mienten: la percepción de violencia es alta en Morelos, y a pesar de algunos avances. Usemos nuestro voto para demandar un cambio real, uno que ponga a Morelos primero. La reflexión colectiva puede transformar nuestra realidad; no la dejemos pasar.








