La muerte de una niña de un año y dos meses por picadura de alacrán en Morelos no solo marca la primera defunción del año por esta causa, sino que también pone en evidencia vacíos en la prevención, la información a la población y la respuesta oportuna ante emergencias.
Aunque los Servicios de Salud aseguran que existe abasto suficiente de antídoto en hospitales y centros de salud, el caso revela la atención tardía.
En una entidad donde las picaduras son frecuentes, y donde los casos han aumentado hasta en un 20 por ciento, con casi 4 mil atenciones registradas, la reacción inmediata no debería depender únicamente de la decisión familiar, sino de campañas eficaces, accesibles y permanentes.








