El asesinato del alcalde de Temoac, Valentín Lavín Romero, no puede calificarse como un hecho inesperado; fue un crimen anunciado.
Primero sobrevivió a un ataque armado en enero, después solicitó licencia para salvaguardar su integridad y meses más tarde fue amenazado públicamente mediante una narcomanta. Hoy, esas amenazas se cumplieron.
Si un presidente municipal que ya había sido víctima de un atentado y señalado por un grupo criminal no pudo ser protegido por las instituciones, ¿qué puede esperar cualquier ciudadano que vive bajo las mismas condiciones de violencia?
El homicidio ocurre, a un día de la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Morelos, un estado que en los últimos meses ha ocupado titulares nacionales por ejecuciones, extorsiones, desapariciones y la presunta infiltración del crimen organizado en la vida pública.
Y mientras el mensaje del gobierno de Morena es: hablar bien de Morelos y no ver redes sociales o hacer caso a los medios de comunicación.







