Al ritmo de “Descansa mi amor, descansa mi bien, descansa campeón que todo está bien”, el féretro del alcalde de Temoac, Valentín Lavín Romero, cruzó las puertas de la iglesia de Santa Catarina acompañado por el silencio, las lágrimas y las oraciones de quienes acudieron a despedirlo.
No hubo discursos políticos. Fueron las miradas de sus compañeros de trabajo y el pesar de los habitantes del municipio los que marcaron la despedida.
El asesinato del presidente municipal ocurrió hace dos días y en el Ayuntamiento el ambiente se transformó de festivo a un profundo luto.








