Respirar aire puro… o respirar dinero.
Esa es, en el fondo, la verdadera pregunta.
En el campo se vive con lo básico resuelto: aire limpio, comida que nace de la tierra, animales que producen, un ritmo de vida que no te exprime. Hay menos ruido, menos prisa… y, muchas veces, menos miedo.
En la ciudad, en cambio, vivimos rodeados de “comodidades”: luz, agua, tiendas, entretenimiento inmediato. Todo está cerca… excepto la tranquilidad. Porque aquí se paga con estrés, con tráfico, con inseguridad y con esa sensación constante de estar corriendo sin saber muy bien hacia dónde.
Este sábado, en La Jicotera, en medio del bosque de Huitzilac, a menos de 40 minutos de Cuernavaca, la vida se sentía distinta. Más ligera. Más real. Entre árboles y buena comida, platicando con mi amiga Karla, salió la pregunta incómoda:
¿Quién vive mejor?
Porque la ciudad presume riqueza…
pero el campo presume vida.
Y al final, no es lo mismo vivir bien…
que simplemente vivir rodeado de cosas.
Aunque, siendo honestos, la ciudad tiene una ventaja brutal:
te acostumbras tanto al caos…
que cuando por fin encuentras paz, hasta te incomoda.
Así que quizá no es que vivamos mejor en la ciudad…
solo aprendimos a sobrevivir peor… pero con WiFi.
Así que a visitar la Jicotera para que vean el paraíso que es y ustedes ya decidirán si viven mejor en la ciudad o vivirían mejor en el campo.
Feliz San Lunes y adiossss.








