Me cae que el mexicano o ama demasiado a este país, o de plano nos encanta la fiesta.
Lo digo porque, como siempre, llega el Grito y ahí estamos: ambiente de fiesta, alegría, comida, bebida y, por supuesto, el pretexto perfecto para juntarnos… porque pretextos para reunirnos, ¡nunca faltan!
Y no importa si el país se está cayendo a pedazos, si la economía está por los suelos, si la inseguridad nos tiene hasta la madre o si seguimos teniendo acontecimientos que duelen por tantas muertes.
¡Eso sí! Para festejar el Grito, ahí andamos.
Y me incluyo.
No importa de qué partido sea el o la presidenta en turno. Por una noche nos ponemos de acuerdo, nos olvidamos de pleitos, colores y políticos, y nos unimos como uno solo, como solamente el mexicano sabe hacerlo.
Porque México es increíble. Tenemos una cultura maravillosa, comida que no tiene comparación, tradiciones, historia, paisajes, gente trabajadora y un corazón enorme.
El problema es que nuestra política nunca ha estado a la altura de nuestro país.
Esta semana todos somos los más mexicanos del mundo. Sacamos la bandera, gritamos, cantamos, brindamos y presumimos el orgullo de ser mexicanos.
¡Y claro que debemos estar orgullosos!
Pero aquí viene el pequeño detalle…
Últimamente, de nuestra bandera, el único color que parece destacar cada vez más es el rojo.
Y no precisamente por el escudo.
Es el rojo de la sangre.
Y ese, señoras y señores, nos duele hasta el alma.
Porque podemos hacer fiesta, podemos echar el tequila, cantar “México lindo y querido” y gritar “¡Viva México!” hasta quedarnos sin voz…
Pero cuando termina la fiesta, cuando se apagan los fuegos artificiales y cada quien regresa a su casa, la realidad sigue ahí.
La inseguridad sigue ahí.
La violencia sigue ahí.
El miedo sigue ahí.
Y mientras nosotros gritamos “¡Viva México!”, muchos mexicanos solamente están esperando poder decir:
“Llegué a casa.”
¡Ouchhhhh!
Eso sí dolió.
Y duele todavía más porque nos estamos acostumbrando a cosas a las que jamás deberíamos acostumbrarnos.
¿Hasta cuándo, México?
¿Hasta cuándo vamos a lograr tener esa tranquilidad que cada vez parece más un sueño y menos una realidad?
Porque querer a México no es solamente sacar la bandera en septiembre.
También es exigir un país donde podamos vivir sin miedo.
Así que sí…
¡Viva México, cabrones!
Pero también…
¡Viva un México seguro, tranquilo, justo y sin miedo!
Porque México merece mucho más que políticos que se llenan la boca diciendo que aman al país mientras nosotros seguimos poniendo veladoras por los que ya no regresaron.
Ouchhhhh…
¡Feliz San Lunes y adiosssss!








