Desde pequeños creíamos que el Poder Judicial era un algo “supremo”, apegados a los #LibrosDeTextoGratuitos, al Poder Judicial solo se llegaba quien había absorbido como naranjas los libros de leyes, la Constitución y todo el amplio mundo entramado jurídico.
La misma tendencia en su personal, eran “estudiados” y “privilegiados” plazas casi inaccesibles para muchos, eran quiénes llegaron a sus puestos por diversas razones, muchas de ellas por su “expertis”, pero siempre alejados de “los de afuera”. Todo ello, pudo haber originado que su lucha, se vea sola, van y vienen por la avenida Plan de Ayala en Cuernavaca o postrados afuera de calle Leyva, pero solos, no arropados por los ciudadanos; si caso algunos sectores se han ido sumando.
Y en medio de esta imagen en el colectivo de un poder hasta hace poco intocable pero con un enojo auténtico, que se hace real luego de la aprobación por parte del Congreso de la Unión, de la iniciativa que elimina 13 fideicomisos del Poder Judicial de la Federación que se traducen en más de 8 mil millones de pesos, los cuales, a decir de los trabajadores en Morelos, les quitará prestaciones como apoyo para lentes, gastos funerarios, cubrir atención a enfermos de cáncer, y hasta para “cirugías plásticas”, según el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Pero más allá de esa lucha en solitario que iniciaron, -porque el común del pueblo no entiende el porqué de su protesta-, su reclamo será agregado a los frentes que el titular del ejecutivo federal le gusta abrir. Podría ser él o sus asesores que no calcularon el impacto en la sociedad política que tendría esta reforma en el ultimo año de un sexenio transformador inexistente.
Para algunos, está “pequeña” explosión en realidad es para contener otros debates nacionales y al mismo tiempo presumir su lucha contra la corrupción; si el golpe no fue calculado entonces los genios de “la 4T” tienen enfrente otro frente de batalla más. Al final, lo único que pone en relevancia que las ansias transformadoras del presidente de la República, vuelve a fallar aunque le siga apostando a su popularidad y a su voz en las adictivas mañaneras para un grueso de la gente; pero lo real es que nada cambiará en este sexenio de promesas incumplidas, acciones sociales poco transformadoras y lleno de transgresiones oficiales contra institucionales y hacia la sociedad mexicana.








