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OPINIÓN || Mujer de Diálogo “ EN SERIO, VALLARTA, ¿UNA VÍCTIMA DEL PAN Y DEL SISTEMA?” Danae M. De Negri M..

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A finales del 2022, asistí a la Fiscalía General del Estado para participar en un peritaje físico, por una violencia padecida.  

Para ello, esperé como cualquier persona, un tiempo prolongado, pues las veces que fui para mi examen, no se encontraba el médico legista; lo que me hizo insistir en esa ocasión, amable pero contundentemente, en ser atendida; ya que en esos días había estado expuesta a varios espacios de violencia contra mi persona, y me esforcé demasiado para poder mantener el equilibrio psicológico/emocional, a fin de protegerme; sin embargo, el cuerpo habló y le dio la bienvenida a malestares físicos que ya me estaban cobrando factura.  

Conté con el beneficio de ser atendida ese mismo día, por una mujer que, supongo, no se sintió cómoda de que le marcaran y le pidieran que se presentara a la Fiscalía para hacer su trabajo conmigo. Me trató “correctamente”; aunque fue fría y apenas si me dirigió la mirada y la palabra; en realidad, me ignoró, y sólo vio mi cuerpo, e hizo un par de preguntas; luego me despachó, ante mi atónita mirada. 

¿Eso es todo, doctora? Le pregunté desconcertada. Sí, eso es todo. Hasta luego. Contestó parca, y con cara de molestia. ¿Qué sigue? Le pregunté casi tímida. Conmigo nada. Eso es todo. Y me hizo una seña para que saliera de su consultorio.  

Ahí, pensé en lo que otras mujeres, niñas y adolescentes padecen en esos espacios de sórdido humanismo; al tratar de denunciar cualquier tipo de violencia. 

Desde luego, no era la primera vez que asistía a esa institución; sin embargo, en otras ocasiones lo hice, la mayor parte de las veces, como acompañante, defensora de derechos humanos de víctimas. 

En ese momento, confirmé lo que sigo pensando: con el paso del tiempo, esos profesionales terminan normalizando lo que escuchan y ven; y algunos/as hasta indiferentes e insensibles se comportan. Luego me pregunto qué harán cuando a algún familiar directo, le pasa algo semejante. ¿Sentirán algo? ¿O también los ignorarán?

En aquella ocasión en la que me tocó denunciar una agresión sexual, aunque para algunos fui exagerada al evidenciar a mis agresores, porque lo consideraron leve; solamente yo sabía lo que sentía. Aun mi cuerpo guardaba el dolor del trauma. Fui víctima.

Mi valentía y fuerza cotidianas valieron tres pepitas, al ser agredida inesperadamente; mi malestar físico se agudizó en los siguientes días, y, aunque tuve el respaldo ciudadano al dar a conocer el hecho; las instituciones me pusieron tache porque me atreví a denunciar. ¡Cómo podía hacerlo, si era servidora pública, y mi caso se había hecho viral!

 Sí, increíblemente pasó lo inesperado; me sentí sola institucionalmente hablando, sin apoyo de nadie (salvo de 3 personas que me acompañaron en el proceso, que eran cercanas). 

No hubo ninguna muestra de solidaridad o sororidad de servidoras públicas; y mi tema sirvió a algunas para criticarme. Cómo que yo había sido violentada, si era la aguerrida que defendía a infancias y a mujeres. Hubo quien se mofó de lo que me pasó, y hasta comentó que me lo merecía, por “mamona”; otra dijo que era una exagerada, que quién podría tocarme, como estaba (físicamente).

 Incluso, creo que, a pesar del gran movimiento que se hizo, a partir de ahí, fui sentenciada definitivamente en mi trabajo. Fui mal vista. No aguanté vara, como los machistas que me agredían en ese momento, suponían que debía. 

Ni siquiera conté con el respaldo del secretario de gobierno, quien coordinaba la mesa de Seguridad; a pesar de que, sabía, yo no haría nada, nunca, contra alguien, si no tuviera el argumento de mi defensa. 

Yo sólo trataba de defenderme porque sabía que, si no lo hacía, la agresión se repetiría otra vez, pues ya había sido identificada, y porque me habían amenazado, cuando no cedí en bajar mi denuncia pública. 

Lo anterior, como amplia introducción, para retomar un caso obligado hoy: la liberación de Israel Vallarta, detenido cerca de 20 años, por el delito de secuestro. 

Ese mismo día de la revisión médica en la Fiscalía, una de mis acompañantes me presentó a una abogada de abolengo jurídico; servidora pública, con amplia trayectoria e información. 

Conversamos cerca de una hora en la que, el caso de la mala atención derivó en el de la mala integración general de las carpetas de investigación, por parte de agentes del Ministerio Público; y de éste, el caso de Israel Vallarta, tan sonado mediáticamente, en aquellos años en los que yo era una chavita que ya escribía en medios de comunicación. 

Desde entonces, se supo que la liberación de #FlorenceCassez fue un asunto de diplomacia entre México y Francia; además de ser una excelente cortina de humo para temas controversiales en nuestro país; gracias al pasado y absurdo espectáculo gubernamental de su detención, con la intención de hacernos parecer bien duchos en materia de seguridad con alcances internacionales; pero que, al final de cuentas, sólo se evidenció lo que no había en nuestro territorio, en materia de seguridad y justicia: eficiencia y honestidad. (Bueno, no estoy segura de que ahora podamos cantar victoria al respecto).

Así, después de un tiempo, la francesa regresó a casa como heroína, recibida con los brazos abiertos por parte del primer mandatario de su país, Sarkosy.  ¡Se hizo justicia! Gritaban por todo el mundo. Y ella, histriónica, cínica y abusiva, mostró el rostro de la víctima extranjera, en un país bárbaro y tercermundista, como se encargaron de desprestigiar a México, durante largo tiempo; y hasta escritora se hizo. No la proclamaron santa, porque eso sí hubiese sido una exageración para los franceses, de usos liberales.

Hace unos días, por su parte, la sentencia emanada de un largo juicio fue liberadora para su expareja, acusado de ser el cabecilla de la banda de secuestradores, Los Zodiaco, #IsraelVallarta. 

Él tampoco ha sido proclamado héroe ni santo, a pesar de que estuvo cerca de 20 años en la cárcel, desde su detención durante el gobierno de Fox; pero casi; al grado de que, quizá el encierro y la pésima actuación de la Fiscalía de ese negro ayer, le dieron la fortaleza para que, osadamente, empezara a acunar lo que será su vida, alejado de la cárcel: tal vez Senador, dijo con cierto placer adolescente. ¿De Morena, acaso? No lo sabemos. 

La consigna contra Loret de Mola, por su parte, ofrece una obviedad de encono político, perfecto para lo convulso del sistema; porque, a decir verdad, en aquellos años no era más que un empleado del poder de la Comunicación, en su justa medida; empero, casualmente ahora es tratado como si hubiera sido el gran magnate de la televisión; o el político perverso que, a la usanza del ahora pseudo secuestrador, pusiera el dedo sobre quien la va a pagar, más no quién la debe. 

La detención ilícita, así como el falso montaje; la ruptura de la cadena de custodia, la confesión inicial a través de la tortura del ahora pseudo secuestrador, así como de los otros acusados; le sirvieron a la jueza federal, #MarianaVieira, liberarlo de todo mal.

En una sentencia de aproximadamente 400 páginas, resumió la contaminación de las posibles pruebas y la violación al debido proceso, que lo exoneran; por lo que hoy, hasta su pareja sentimental (de Israel Vallarta, por supuesto, no de la juez), pidió/ exigió una disculpa pública a la presidenta, #ClaudiaSheinbaum      quien, casi casi, cede; aunque pudo más el hilo de Vallarta, para linchar mediáticamente a Loret de Mola, conservando su envergadura, afortunadamente.

Ni la información socializada por #OlgaSánchezCordero, ni por #AdánAugusto, en su momento, respecto a la prudencia del Estado y el respeto al debido proceso por existir otras carpetas de investigación por el mismo delito, contra el pseudo secuestrador, sirvieron de algo. Y, aunque el poder de la 4T pretendía darle una oportunidad al saber sobre  las inconsistencias en su detención, no quedó de otra que esperar a que, figuras distintas, lograran el cometido. 

Las cerca de 300 pruebas que comprendía el expediente en turno, fueron absurdamente clave, a modo, en la defensa y liberación del susodicho que, a todas luces, salió conmovido de prisión, y con la fortaleza como para empezar a reclamar lo que el Estado y la justicia le deben, a su consideración. También el egresado de la vieja escuela de Televisa. 

¿Lo más apremiante? Que la jueza, a todas luces, no en una interpretación jurídica, sino en el filo del peligroso juicio de valor que no se le escapa a ningún juez, por más años en la cancha que tenga; aseveró que los testimonios de las victimas estaban plagados de influencia por el tema mediático de la detención de los implicados en su secuestro, por lo que decidió invalidarlos. Y a las víctimas, reducirlas a la nada. No creerles. Pero sí al que ellas mismas señalan como su verdugo. 

Es decir, que no son válidos porque para ella, después de tantas comparecencias de las víctimas, hay contradicciones. Y qué esperaba? Si revictimizarlas también tuvo consecuencias. Supongo que más en materia de salud mental, al ver que su violentador y sus compinches, gozaron de privilegios que ellos/as no han tenido en su calidad de víctimas. 

La jueza, por tanto, ponderó los derechos del victimario, como antes lo hizo la Suprema Corte con la francesa liberada por la tibieza del poder judicial y de un gobierno como el de Peña Nieto, y la corrupción de un sistema.

Víctimas secuestradas, maltratadas, vejadas, mutiladas y violadas. Aterrorizadas, algunas, manifestaron, contundentes, haber sido sujetas de la desmedida violencia de la francesa, quien, en ocasiones, no sólo disfrutaba, aparentemente, de torturar psicológicamente a su presa, con alguna mutilación; sino, que, además, presa misma ella de celos, al ver a Vallarta violar reiteradamente a alguna de sus víctimas, era la voz del terror para éstas.  

Vallarta, en cambio, era juez y parte, patrón y empleado; de acuerdo con la versión de las víctimas; lo mismo era el cabecilla de la despiadada banda, como el gestor (extorsionador) financiero para soltar a sus presas; o el mayor torturador, en el momento preciso. 

Ni siquiera la súplica al entonces presidente, Peña Nieto, de víctimas que identificaron completamente el rostro de Vallarta como el operador de la banda, así como de su pareja, Cassez, y sus cómplices, sirvieron para que hubiese justicia; liberando a la primera en su gobierno; después a otros, y, al final, en éste, al que hoy pone en jaque y en duda, al sistema judicial de nuestro país; y evidencia el eslabón de una interminable corrupción política. 

¿Qué ya cumplió con su deuda moral, en todos estos años, en la cárcel? No hay duda. El pago ha de haber sido mucho, y doloroso. No el mismo, por supuesto, como el de las víctimas de asesinato, por ejemplo, al no cumplir con el pago exigido por Los Zodiaco. O el de las víctimas que, aterrorizadas, tuvieron que emigrar al extranjero; y algunas, regresaron cuando pensaron que, por fin, se les hacía justicia. ¿Cómo dormirán hoy? 

Ojalá que Vallarta, de haber sido culpable, como lo dicen sus víctimas, se haya reformado en prisión, y que, ante la culpa de la que pocas veces goza un malévolo, haya tomado una biblia y se haya convertido al cristianismo, o a cualquier otra religión que apaciguara sus más bajos instintos de depredador serial; y que esa alegría y ternura en el abrazo a los suyos, en especial a la que parecía su madre, le permita la sensibilidad como para disculparse con quienes en verdad, son las víctimas, hoy invisibilizadas. 

Es preferible esa noble versión, a la del secuestrador que, una vez enviciado con lo indebido, opera, desde la cárcel, en contra de la humanidad. Si fue así, ¡qué miedo!

La abogada de abolengo de la Fiscalía, ¿recuerdan?, participó directamente durante el tiempo de la detención de los señalados. Tuve el gusto de escucharla detenidamente, y fascinada, en un momento en el que su persona se sinceró conmigo, sin otro afán, mas que señalar las inconsistencias de la justicia en nuestro país; y me dijo, con puntos y comas, la versión real de los hechos, que ponen a Vallarta y su banda, muy lejos de ser víctimas del sistema.  

Acordamos en ese entonces, escribir un libro al respecto. Hoy, dudo que eso pase…

🫤

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