En el vasto mosaico de la política morelense, donde los hilos de la esperanza se entretejen con los nudos de la decepción, Quienes gobiernan la entidad surgieron como un faro. Fundado sobre la filosofía política en contra de las plagas del viejo régimen: la corrupción rampante, el nepotismo endémico y la opulencia de una élite gobernante desconectada con la sociedad. Quienes ostentan la mayoría de los cargos públicos por elección popular en Morelos, desde la Gubernatura, Congreso y la gran mayoría de Cabildos, prometieron una transformaciónanclada en principios inquebrantables como: austeridad republicana, honestidad valiente y la primacía del bien común sobre los intereses familiares o personales. Era un llamado a la regeneración, no solo de instituciones, sino de almas: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Pero hoy, en las calles desechas de Morelos, esa filosofía se desmorona como un castillo de naipes bajo el peso de sus propias contradicciones.
Imaginemos el escenario: Cuernavaca, la ciudad de los eternos palacios, pero también de eternas promesas incumplidas. Ahí, en las redes sociales que se han convertido en el pulmón de la disidencia gubernamental, las bases de la izquierda local – ciudadanos que sudaron camisetas en las calles, que tocaron puertas bajo el sol inclemente para impulsar a quienes ostentas los principales puestos de elección– Ahora alzan la voz. No con megáfonos en plazas, sino con posts incendiarios que queman más que cualquier manifestación. Señalando directamente a representantes populares y dirigentes políticos del oficialismo local, acusados de usar su cargo como trampolín para el beneficio personal y familiar. “El Gobierno Estatal llamado coloquialmente como el oficialismo, se sumerge ENTRE NEPOTISMO, ADINERADOS Y OTROS PELIGROS”. La doctrina de Honestidad Valiente quedo por los suelos. Desde sus posiciones de poder, la actual clase gobernante acomodan en cargos a familiares directos. Otros derrochan dinero en precampañas, eventos, jaripeos y otras fiestas. Recursos interminables así sea con historial dudoso. Y para rematar, presumen y usan sus relaciones peligrosas. Al menos eso evidencian ellos mismos en sus propias redes sociales.
No es un lamento aislado. La sociedad, que impulso a quienes nos gobiernan en la entidad, lamentan el actuar de quienes fueron electos, que han “traicionado el objetivo de las causas sociales que fueron abanderadas”. Nepotismo rampante: familiares directos enchufados en la burocracia dorada, enriquecimientos inexplicables que huelen a los excesos del viejo régimen que quiene ahora gobiernan juraron erradicar.
En el Congreso local, denuncias de ONGs señalan a la mayoría de los legisladores –por convertir el Poder Judicial Local en una agencia de colocación de “amigos y familiares”-, con designaciones a modo que convierten al recinto en uno de los más caros del país, cargando a los contribuyentes morelenses con nuevos impuestos y con un despilfarro injustificable.
La fractura en Morelos entre la incipiente actual clase gobernante y la sociedad NO es un episodio aislado; es el reflejo de una podredumbre que carcomerá en el siguiente proceso electoral a muchos actores político que cuentan en este comento con algún cargo publico.
En Morelos, el Congreso local aprobó reformas contra la reelección y el nepotismo electoral en marzo, pero con un asterisco cruel: entrarán en vigor hasta 2030, dejando un vacío de cinco años para que las cúpulas sigan tejiendo sus redes.
¿Coincidencia? O peor: ¿cómplices? La propia ciudadana vio la anterior propuesta diluida en el Congreso Local, donde la mayoría de los Diputados Locales aplazaron la reforma hasta 2030. Filósoficamente, esto fue un asalto a la esencia de la participación democrática. Las gran mayoría de la sociedad lo saben: advierten un “voto de castigo” para 2027 contra “los traidores a la real participación democrática”.
En Morelos, esta desazón es un microcosmos de la nación. El escándalo de Legisladores Locales, con familiares directos como magistrados, o con puestos claves en las administración Estatal para su clan, ilustran cómo el poder corrompe incluso a los redentores autoproclamados.








