Los últimos de los mohicanos. Así estamos los negocios formales: solos, exprimidos y señalados. Día a día aguantando a la delincuencia organizada y, como si no fuera suficiente, a las propias autoridades.
Un sistema tan torcido que ya no sabe de dónde sacar dinero y decide irse por la vía fácil: asfixiar al que sí trabaja, al que sí paga impuestos, al pequeño y mediano negocio, hasta que ya no pueda respirar… y luego preguntarse por qué no hay de dónde recaudar.
Esta semana no solo fue experiencia personal; fueron llamadas, historias y urgencias de negocios que estaban siendo “visitados” por la famosa extorsión, ahora disfrazada de inspección oficial.
En lo personal: revisión de CFE. Horas en el local, cero documentos, cero respaldo legal. Solo el comentario: “Hay un problema en la lectura, culpa de nuestro transformador, pero aunque no sea culpa de ustedes, van a pagar un ajuste”. Tres días después llega el “ajuste”: 44 mil pesos, retroactivo hasta octubre.
Sin pruebas, sin explicación, sin vergüenza. Nos dan tres días para pagar… y al día siguiente, en pleno horario fuerte, nos cortan la luz. Sin adeudos previos. Con orden de corte. Punto.
El técnico lo dijo claro: “Yo solo sigo órdenes”. Su jefe fue más claro: “Corta ahorita”. Eso no es procedimiento, eso es presión. Eso es abuso. Eso es extorsión legalizada. Porque todos saben que sin luz un negocio muere, y juegan con eso.
Fuimos a reclamar y, oh sorpresa, “nos hicieron el favor” de permitir un convenio. El gran favor. Y todavía uno se acerca y suelta: “La ley nos permite cortar, aunque no haya sido error de ustedes”. Elegante forma de decir: paga o te jodes.
Pagamos para no matar al negocio, no porque aceptemos la deuda. Y esto no se queda así.
Mientras tanto, otros negocios recibían visitas y acoso de salud, protección civil, trabajo y demás. Todos al mismo tiempo. Todos sobre los mismos. Y cuando preguntas por los informales, la respuesta es la de siempre: “No es nuestra competencia”.
Perfecto. Persigan al que sí está dado de alta, al que sí genera empleo, al que sí paga impuestos. Luego no se pregunten de dónde salen los sueldos, porque de ahí salen: del comercio formal al que están ahorcando.
No me voy a cansar de decirlo ni de pelearlo: el abuso contra el comercio formal tiene que parar. La pequeña y mediana empresa no es el enemigo; es el motor de este país. Sin ella no hay empleo, no hay impuestos y no hay economía que aguante.
Así de claro.
Feliz San Lunes y adiossss.








