“Esta tarde vi llover, vi gente correr…” como dice la canción de Manzanero.
Pero no, señores, esta vez no era una escena romántica ni de esas que uno pone de fondo mientras se toma un cafecito. Se soltó la lluvia con ganas este fin de semana, y octubre decidió recibirnos con agua… esa que tanto nos hizo falta en septiembre.
Y pues ya que está lloviendo, ojalá también se lleve un poquito de las malas vibras que traemos encima, porque de plano nuestro estado no sale de una nota para meterse en otra.
Una balacera, una protesta, un pleito político, calles cerradas, inseguridad, problemas sociales… ya nomás falta que el noticiero diga: “Y ahora sí, váyanse preparando porque viene otra”.
Y lo peor no es solamente que pasen estas cosas.
Lo peor es que nos estamos acostumbrando.
Ya vemos una tragedia y decimos: “¡Qué barbaridad!”
Nos indignamos cinco minutos…
Y después seguimos con nuestra vida como si nada.
Hasta que la tragedia toca nuestra puerta.
Y digo, no es que sea consuelo, pero lo que pasó en Coahuila con los jóvenes que asesinaron a una subdirectora de un plantel nos debería poner a pensar seriamente.
Una mujer que, por lo visto, era muy querida, que ya estaba esperando jubilarse para disfrutar a su familia, viajar y hacer todo eso que uno va dejando para “después”.
Pues el “después” nunca llegó.
En cuestión de segundos, alguien le quitó la vida y de paso le cambió la vida para siempre a toda una familia.
Y también están las familias de los demás lesionados, que seguramente hoy se preguntan cómo algo así pudo suceder.
Dos jóvenes encerrados en un mundo digital, aparentemente desconectados de la realidad, y que terminaron saliendo de esa pantalla para atacar un mundo real que, por alguna razón, ya odiaban.
Y aquí viene lo incómodo:
¿Qué estamos haciendo como sociedad para evitar que esto siga pasando?
Porque ya no podemos echarle toda la culpa al gobierno.
Pero tampoco podemos hacer como que el gobierno no tiene responsabilidad.
Porque sí, señores, gobernar no es solamente cortar listones, inaugurar obras, tomarse fotos y salir en Facebook.
Gobernar también es prevenir.
Es escuchar.
Es atender.
Es trabajar con la sociedad.
Y la sociedad también tiene que poner de su parte.
Porque mientras nosotros decimos “yo ya no quiero saber nada de política”, los políticos felices de la vida.
¡Qué maravilla!
Una sociedad desinteresada es mucho más fácil de gobernar que una sociedad que pregunta, exige y no se deja ver la cara.
Y mientras tanto, algunos siguen creyendo que ocupar un cargo público significa convertirse en dueño del changarro.
No señores, son servidores públicos. SERVIDORES.
La palabra lo dice clarito, aunque parece que algunos necesitan que se las escriban con letras de tamaño espectacular.
Necesitamos volver a hablar.
Gobierno y sociedad.
Padres de familia, escuelas, autoridades, empresarios, jóvenes, organizaciones sociales… todos.
Porque este problema ya nos rebasó.
Y si seguimos esperando a que alguien más lo resuelva, después no nos quejemos.
Porque lo que hoy vemos en las noticias y pensamos:
“Qué bueno que pasó allá y no aquí…”
Cuidado.
Porque ese “allá” cada día está más cerca.
Y cuando toque nuestra puerta, ya no vamos a estar opinando en Facebook.
Vamos a estar preguntándonos:
¿Y por qué nadie hizo nada cuando todavía estábamos a tiempo?
Así que ojalá que esta lluvia limpie algo más que las calles.
Porque falta mucha mugre que limpiar…
Y no precisamente de lodo.
Ouchhhhh.
Feliz San Lunes y adiosssss.








