La diferencia es muy sencilla: los impuestos, la recaudación y, muchas veces, hasta el acoso de las autoridades caen sobre el comercio formal, sobre el que está fijo, el que tiene un domicilio, una nómina, paga renta, luz, seguro, prestaciones y, por supuesto, impuestos.
Las PYMES sostienen buena parte de la economía del país. Y mientras tanto, pareciera que al gobierno se le olvida que al que ya está cumpliendo es al que más fácil resulta cobrarle.
Reconozco, por supuesto, el trabajo de toda la gente que se gana la vida honradamente, sea formal o informal. Aquí no se trata de atacar al que trabaja.
El problema es otro: si solamente unos cuantos aportamos impuestos, y además no tenemos la certeza de que ese dinero se esté utilizando de manera eficiente, llegará el día en que el que hoy cumple diga: “¿Y yo por qué?”
Porque tampoco podemos pedirle al empresario, al comerciante y a la PYME que sigan poniendo la espalda para cargar todo el costal.
Y cuidado… porque cuando al formal le sale más caro cumplir que no cumplir, el sistema solito empieza a fabricar informales.
Después no se quejen cuando el que hoy paga impuestos mañana diga:
“¿Saben qué? Mejor ya no le entro.”
Ouchhhhh…
Feliz San Lunes y adiosssss.








