¡Bomba! Y no de las yucatecas, sino la que le explotó al régimen venezolano… o mejor dicho, a Maduro.
El tema es delicado, sí, pero hay algo claro: los únicos con autoridad moral para opinar son los venezolanos. Nadie más.
Y el único termómetro real para saber si lo que pasó estuvo bien o mal son las imágenes: miles y miles de personas en las calles celebrando el fin de una dictadura que los tuvo hundidos durante años.
¿Es IA, montaje o fake news? Puede ser. Pero la magnitud de las celebraciones impresiona y dice mucho.
Que si Estados Unidos fue por el petróleo… ese cuento ya lo conocemos. Lo verdaderamente innegable es que durante años el petróleo no fue para el pueblo, fue para sostener a una élite corrupta mientras los venezolanos hacían filas para comer o huían del país.
Y sí, el copy-paste existe, así que ahí va lo que se lee en varias noticias: tras confirmarse la captura del dictador chavista, miles salieron a las calles en distintas ciudades. En Bogotá y Medellín, venezolanos celebraron el colapso del régimen, ondeando banderas y gritando consignas de libertad, sin violencia, sin miedo.
Al final del día, solo ellos sabrán si esto fue liberación o intervención, porque solo ellos saben lo que es vivir bajo una dictadura.
Hoy la frase que se repite es una sola: “Venezuela libre”.
Y ojalá no sea solo un grito, sino el inicio de una nueva historia.
Ahora, que Estados Unidos se arrogue el derecho de decidir cuándo y dónde intervenir… como diría Cantinflas:
“Ahí está el detalle.”
Feliz San Lunes. Y adioooos!!!.








